Apps de citas en 2025: el 78% está emocionalmente agotado

Si alguna vez has cerrado la app con un nudo en el estómago, no eres un caso raro. Eres, casi, la norma.

Un recuento de estadísticas de 2025 publicado por Bonobology pinta un paisaje extraño: un negocio que mueve más de 6.000 millones de dólares, cientos de millones de usuarios… y una mayoría que se siente emocionalmente agotada. El deslizamiento infinito prometía ampliar el mapa del amor. Para mucha gente ha acabado pareciendo un trabajo a destajo.

¿Qué está pasando de verdad? Y, sobre todo: ¿se puede buscar una pareja estable sin quemarse por el camino?

Un mercado enorme que ya no crece como antes

Las cifras de negocio siguen impresionando. En 2024, los ingresos globales de las apps de citas superaron los 6.000 millones de dólares. Hay más de 350 millones de usuarios en el mundo. Norteamérica concentra cerca de la mitad de los ingresos; Europa, alrededor del 23 %.

Eso no significa que todo vaya viento en popa. En mercados maduros el uso se ha estancado. En Estados Unidos, el porcentaje de adultos que usan apps o webs de citas bajó del 18 % en 2019 al 15 % en 2022, después del pico de la pandemia.

Tinder sigue siendo la que más factura —cerca de un 30 % de los ingresos del sector, unos 1.940 millones de dólares en 2024—, pero su crecimiento se ha aplanado. Hinge, que se presenta como una app para relaciones más serias, creció con fuerza: unos 550 millones de dólares en 2024, un 38 % más que el año anterior.

La industria ya no vive de fichar a todo el mundo. Vive de retener a gente cansada. Y eso se nota en el ánimo de quien desliza.

El 78 % está agotado: el coste del deslizamiento constante

Varias encuestas coinciden en un dato incómodo. En una encuesta de salud de Forbes recogida en ese recuento, el 79 % de la Generación Z y el 80 % de los millennials dijeron sentirse agotados por las apps de citas. En conjunto se habla de un 78-80 % de fatiga emocional.

No es un misterio. El diseño invita a juzgar en segundos. Casi una cuarta parte de los usuarios dedica menos de un minuto a cada perfil; otro 21 %, entre uno y dos minutos. Lo que más repele, según esa encuesta: biografías amargas o negativas (casi el 70 %) y fotos excesivamente retocadas (un 63 %). La gramática descuidada también penaliza: se lee como falta de esfuerzo.

El resultado es un bucle. Deslizas, coincidís, el chat se muere, te hacen ghosting, vuelves a deslizar. Cada rechazo es pequeño. La suma no lo es. Al cabo de semanas, el móvil deja de parecer una puerta y empieza a parecer una fuente de amenaza social.

¿Te suena esa sensación de «estoy disponible todo el rato y, aun así, no pasa nada de verdad»? Esa es la fatiga del perfil. No es falta de carácter. Es un entorno pensado para la cantidad.

Por eso mucha gente vuelve al bar, al café, al gimnasio o a la cena de amigos. No por nostalgia. Porque el cuerpo pide contexto: una voz, un ritmo, una conversación que no se puede archivar con el pulgar.

Muchas coincidencias, pocas parejas

Aquí viene el dato que más choca con el relato de las plataformas. En un análisis que cubrió 17 países, solo entre el 8 % y el 13 % de las parejas heterosexuales dijeron haberse conocido por apps. Entre parejas lesbianas, gais o bisexuales, la cifra sube hasta alrededor del 24 %. En Estados Unidos, el Pew Research Center sitúa en un 10 % a los adultos con pareja que conocieron a su pareja actual en una plataforma online. Incluso entre menores de 30 años, ronda el 20 %.

Es decir: las apps son un canal. No el canal. La mayoría de las relaciones estables siguen naciendo de amigos, trabajo, estudios o vida social.

Y el embudo es estrecho. Las mujeres que usan apps reportan que solo entre el 10 % y el 30 % de las coincidencias acaban en un encuentro en persona. En hombres, a menudo menos del 5 %. Decenas de chats. Casi ninguna mesa compartida.

Algunas investigaciones sugieren que las parejas que se conocen online pueden ser tan estables como las demás. Otras encuestas apuntan a que el tono transaccional —siempre hay «otra opción» a un deslizamiento de distancia— puede retrasar el compromiso. Los datos sobre matrimonios originados en apps aún están en construcción. Lo honesto es decirlo así: pueden funcionar. Estadísticamente, no sustituyen al resto de la vida.

Autoestima, cuerpo y ánimo: lo que acumulan los estudios

El mismo recuento recoge una revisión de estudios entre 2016 y 2023: más del 85 % de esas investigaciones encontraron una relación significativa entre el uso de apps de citas y una peor imagen corporal. El juicio rápido por foto invita a compararte con versiones retocadas de extraños. Y a sentirte, de pronto, «no suficiente».

Casi la mitad de los estudios revisados vincularon el uso frecuente con más ansiedad, más síntomas depresivos o menor autoestima. El diseño tipo juego —derecha, izquierda, recompensa intermitente— puede dejar la sensación de ser prescindible. No es un diagnóstico. Es un patrón que aparece una y otra vez cuando el uso es intensivo.

La opinión pública también está partida en materia de seguridad: en EE. UU., un 48 % considera las citas online seguras y un 49 %, inseguras. El acoso, los perfiles falsos y el ghosting no son anécdotas menores. Son parte del paisaje emocional.

Si notas que sales de la app peor de como entraste —más crítico contigo, más cínico con los demás—, ese dato no te está mintiendo. Merece una pausa, no otro perfil más.

Menos tragamonedas, más intención

El propio sector está leyendo el cansancio. Hinge crece posicionándose como «la app diseñada para ser eliminada». Otras plataformas añaden preguntas, intenciones declaradas, modos más lentos. Se habla de inteligencia artificial para afinar compatibilidad o detectar perfiles engañosos. También de eventos presenciales, citas rápidas y apps de nicho: menos «todo el mundo», más gente con algo en común.

El futuro que dibujan los analistas es híbrido: lo digital como presentación, lo presencial como prueba real. Menos máquina tragaperras. Más criterio. Veremos si las empresas consiguen alinear su negocio —que gana cuando te quedas— con tu objetivo, que a menudo es irte con alguien de la mano.

Mientras tanto, tú puedes adelantarte a esa curva.

Cómo buscar pareja estable sin convertirlo en un segundo empleo

No hay receta mágica. Hay hábitos que recortan el daño y suben la calidad de lo que llega.

Decide qué buscas antes de abrir la app. Relación estable no es lo mismo que «a ver qué sale». Esa claridad filtra —y te filtra— mejor que cualquier algoritmo.

Pon límite de tiempo. Media hora, tres veces por semana, ya es mucho. El scroll nocturno es el que más desgasta.

Sal del chat pronto. Si hay interés, propón un café. El texto infinito alimenta fantasías y malentendidos. La mesa, no.

Cuida el criterio, no solo la foto. Una biografía amarga repele a casi el 70 % de la gente. La tuya también habla de ti. Esfuérzate sin convertirte en un anuncio.

Y, sobre todo, no dejes que la app sea tu única plaza pública. Quedadas, cursos, voluntariado, el bar de siempre: ahí sigue ocurriendo la mayor parte del amor duradero. El dato del 8-13 % no es un fracaso de las apps. Es un recordatorio de que la vida offline no ha cerrado.

Si estás exhausto, borrar la aplicación una temporada no es rendirse. Es higiene.

El amor estable existe. Se puede buscar con más método y menos espectáculo. No hace falta deslizar doscientas caras para conocer a una persona de verdad. A veces hace falta una conversación larga, un contexto compartido y la paciencia de no tratar a nadie —ni a ti— como un producto en oferta.

Hay quien, harto del deslizamiento, está volviendo a procesos más pausados y conversacionales; en Celestinia exploramos precisamente esa vía.

Basado en: bonobology.com

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