La chispa del amor puede durar décadas: qué dice la ciencia

Te han contado que el enamoramiento es cosa de los primeros años. Que las mariposas se van y no vuelven. Que, pasado un tiempo, solo queda el cariño. Un conjunto de investigaciones recientes invita a mirar eso con más calma y con menos cine.

Infobae reúne varios de esos trabajos y el panorama es más interesante de lo que suele venderse: el amor apasionado es raro, no es un privilegio de la juventud y, en algunas parejas, el cerebro sigue encendiendo las mismas zonas de recompensa que al principio.

Cuántas veces se vive de verdad

Un estudio del Instituto Kinsey, publicado en febrero de 2026 en la revista Interpersona, preguntó a 10.036 adultos solteros de Estados Unidos, de 18 a 99 años, cuántas veces habían sentido amor apasionado. La media: 2,05 veces a lo largo de la vida adulta.

No es una cifra de película. El 14% dijo no haberlo sentido nunca. El 28%, una vez. El 30%, dos. El 17%, tres. Solo el 11% habló de cuatro o más ocasiones.

La doctora Amanda Gesselman, investigadora principal, lo resume con una frase que merece leerse despacio: la gente habla sin parar de enamorarse, pero esta es la primera vez que se mide cuántas veces ocurre de verdad.

Las diferencias por orientación sexual fueron pequeñas. Heterosexuales, homosexuales y bisexuales reportaron cifras parecidas. Entre hombres y mujeres, la diferencia también fue marginal.

Y aquí aparece el dato que desmonta un mito cómodo: los adultos mayores declararon más episodios de pasión intensa que los jóvenes. No parece, por tanto, que la vitalidad amorosa se apague de forma irreversible con los años.

El estudio también habla de presión. El 51% siente más presión para encontrar el amor que las generaciones anteriores. El 73% cree que los medios han impuesto modelos poco realistas de relación. Si te suena familiar, no estás solo. Buscar una pareja estable en un mundo que vende euforia permanente es agotador. Aceptar que el amor apasionado es escaso —y valioso— puede bajar el volumen de esa comparación constante.

¿Mariposas después de veinte años?

La pregunta no es retórica. Un estudio publicado en Social Cognitive and Affective Neuroscience observó con resonancia magnética a personas casadas más de 20 años que afirmaban seguir profundamente enamoradas. Activaban las mismas regiones cerebrales asociadas a la recompensa y a la dopamina que se ven en quienes acaban de enamorarse.

Eso no significa que cada martes se sienta como el primer mes. Significa que, en algunas parejas, esos circuitos no se apagan del todo. La pasión no tiene por qué ser solo una fase que se consume y se sustituye por otra cosa.

Una revisión de 2025 en International Journal of Molecular Sciences, titulada The Molecular Basis of Love, apunta en la misma dirección. Los sistemas neuroquímicos de la atracción inicial también participan en el apego y en la motivación afectiva a largo plazo. Dopamina y oxitocina no son solo la química del flechazo. También sostienen el vínculo cuando este madura.

El reportaje de Infobae lo formula con claridad: lejos de ser una emoción fugaz, el amor romántico implica circuitos que pueden reorganizarse y estabilizarse. La chispa evoluciona. No tiene por qué desaparecer.

El secreto no es repetir el primer mes

Si esperas que una relación de veinte años reproduzca la euforia de las primeras semanas, te vas a frustrar. Los investigadores del Kinsey sugieren otra cosa: integrar deseo, intimidad y compromiso en una dinámica flexible.

Estudios de psicología relacional, también citados en esa pieza, indican que las parejas que comparten experiencias nuevas, cuidan la conexión emocional y se apoyan de verdad consiguen reactivar de vez en cuando esos circuitos de recompensa. No es magia. Es hábito con sentido.

Traducido a la vida de quien busca pareja: no se trata de encontrar a alguien con quien «nunca se apague la llama», como en una canción. Se trata de encontrar a alguien con quien merezca la pena renovarla. Alguien con quien quieras seguir descubriendo cosas, no solo recordar las del principio.

También ayuda valorar otras formas de querer. La intimidad. El compromiso. El cuidado de los días normales. El Instituto Kinsey insiste en que estas manifestaciones pueden ser igual de relevantes —o más— para el bienestar a largo plazo. El amor apasionado es intenso y poco frecuente. No es el único que cuenta.

Qué cambia esto si estás buscando

Primero, ajusta el reloj. Si has sentido esa pasión una o dos veces, no estás «por debajo» de lo que la cultura promete. Estás cerca de lo que describe este estudio. Las canciones hablan de enamorarse como si fuera un deporte de temporada. Los datos no lo respaldan.

Segundo, no des por muerto tu deseo de enamorarte porque hayas cumplido 40, 50 o 60. Los mayores del estudio no solo no habían perdido esa capacidad: reportaban más episodios. Los autores sugieren que la madurez puede traer más autoconocimiento y más apertura emocional.

Tercero, desconfía de la prisa ajena. Si sientes que «ya deberías» haber encontrado a alguien, o que tu historia no encaja con lo que ves en series y redes, recuerda ese 73%. Los modelos que nos venden suelen ser poco realistas. Compararte con ellos no te hace más selectivo. Te hace más inquieto.

Cuarto, cuando conozcas a alguien, no midas solo la intensidad de las primeras semanas. Pregúntate si hay base para el resto: conversación, respeto, ganas de construir, disposición a renovar el interés. La chispa inicial importa. La voluntad de cuidarla importa más.

Nada de esto es una receta. Un estudio no te dice con quién quedarte. Una resonancia no garantiza que tu próxima relación vaya a sentirse así dentro de dos décadas. Lo que sí hacen estos trabajos es recortar un par de mitos: que la pasión es infinita y cotidiana, y que después de cierta edad ya no toca.

Una llama que se puede avivar

El secreto de quienes mantienen la chispa no parece ser un tipo de persona especial ni una técnica milagrosa. Es, según estas investigaciones, una forma de entender el amor: no como una llamarada que se consume, sino como una energía que se puede renovar a lo largo de la vida.

Eso no asegura nada. Hay vínculos que se apagan. Hay épocas grises. Hay gente que no vuelve a sentir esa intensidad, y eso también es una vida posible. Pero la idea de que «después de cierta edad ya no» no se sostiene bien con lo que muestran estos estudios.

Si buscas una relación estable, quizá el trabajo no sea perseguir para siempre la euforia del primer mes. Es elegir bien con quién quieres practicar el resto: el deseo, la intimidad y el compromiso, sin convertir ninguno de los tres en dogma.

En Celestinia hablamos de esto cada día: buscar pareja con ciencia, calma y privacidad, sin reducir el amor a una foto.

Basado en: infobae.com

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